• Mi cicartiz, señal de victoria

    Han pasado ya tres meses que acabé mi última sesión de la quimioterapia subcutánea, aun me queda por delante casi 5 años de tratamiento hormonal con la pastilla “mágica”, el tamoxifeno, una medicación que también tiene sus efectos secundarios: algún dolor muscular, días de cansancio, pérdida de memoria, despistes e insomnio. Pero lo más duro ya ha pasado. Paciencia y superación Ha sido un camino largo, lleno de baches y de subidas, donde intentabas mirar para ver el final del camino, pero la densa niebla no te dejaba ver… ese sendero lo tenias que hacer pasito a pasito y con mucha paciencia para no tropezar, y conforme te ibas acercando, poco a poco la niebla iba desapareciendo y un radiante sol alumbraba el final del trayecto, después de tanto tiempo, casi no te lo puedes creer. Tienes una sensación de libertad, te invade una gran emoción, quieres gritar y llorar de alegría a la vez. No estoy sola, hay más como yo... Durante el camino, me he cruzado con personas que estaban haciendo el mismo recorrido, luchando por sobrevivir. A la vez, gente que pasaba y te tendía la mano para ayudar a pasar los obstáculos, personas anónimas que ahora se han convertido en grandes amigos. Cicatriz una señal de victoria El cáncer te deja llena de cicatrices, interior y exterior. Las cicatrices de dentro con el paso del tiempo se irán curando, (aunque parezca que nunca se vaya a sanar), hay que aprender y trabajar tu interior, ya no somos la misma persona de antes de la enfermedad, somos otra más fuertes, tenaz y audaz. En cambio, la cicatriz de fuera, siempre estará, pero mirarla será una señal de victoria, un recuerdo de la lucha de una batalla vencida. Cada vez que salgo de la ducha y me miro al espejo, lo primero que veo es la cicatriz, la acaricio muchas veces y me digo: estoy aquí, estoy viva. Por eso, no temas en mostrar tu huella, no tengas miedo en mirarla, es tu símbolo de victoria personal. Modelo por un día Hace un par de meses, tuve la oportunidad de participar en un proyecto de fotografía mostrando la cicatriz. Fue una gran experiencia, jamás pensé que haría algo así, pero todas las chicas que estuvimos en esa sesión fotográfica, con las misma enfermedad, nos sentimos modelos por un día, a pesar de nuestras cicatrices, no había vergüenza, ni miedos éramos mujeres sin complejos. Gracias al fotógrafo Jordi Clopés y a la maquilladora Yasmina Tenorio, ese día aprendimos a querernos tal y como somos, esa experiencia vivida en el estudio, nos dio una inyección de energía y los posibles complejos desparecieron. El poder compartirlo con otras personas que han pasado por lo mismo, te das cuenta de que no estás sola. Confianza, optimismo y fortaleza Ese día vivimos muchas emociones, que son difíciles de explicar. Te sientes liberada por un lado y por el otro te ayuda a aceptar el distintivo que nos ha dejado marcado. Este proyecto fotográfico puede ayudar y a concienciar a mucha gente, ya que se muestra una realidad que no se ve, son duras, pero a la vez, hay fortaleza y optimismo. No son fotos de personas derrotadas, sino, somos gente mostrando fuerza y energía. Mi hijo, la mejor medicina emocional Días después volví al estudio para hacerme una foto con Marc, mi hijo. Él me ha dado el empuje para tirar adelante durante todo este tiempo. Y quería compartir con mi niño ese instante, inmortalizar el momento acariciando el estigma que llevo en mí. Una caricia, un beso, un abrazo… la mejor medicina emocional que puedes recibir, como algo tan pequeño te pueda dar algo tan grande.
  • Nueva vida después del cáncer

    Vivimos la vida sin darnos cuenta de todo lo que tenemos. Podemos levantarnos, dar a un interruptor y se enciende una luz, dar un giro a un grifo y nos sale agua. Tenemos una familia y unos amigos, que cuando necesitamos cualquier cosa descolgamos el teléfono y llamamos. Mirar a tu hijo y poder acariciarle. Parece todo muy normal, pero no lo sabemos valorar, hasta que,  por una grave enfermedad, vemos que es posible  que todo eso lo podamos perder. Confianza en mis ángeles vestidos de blanco Van pasando los días, y me voy recuperando. He dejado cosas atrás, y estoy empezando una vida mejor, con muchas ilusiones, con ganas de vivir. Soy feliz, llena de alegría y de vitalidad, todo esto gracias a confiar en mi doctor oncólogo, por ofrecerme los tratamientos que me han curado, a pesar de la agresividad que conllevaba, con fuerza y positivismo se puede conseguir y superar esta gran batalla. Los médicos, me han dado seguridad y tranquilidad al saber que me estaban curando y matando todo lo malo que había dentro de mí, eso me hacía sentirme segura. No puedo olvidarme del equipo oncológico de enfermeras y técnicos del ICO, por el gran trabajo que hacen, y siempre con una sonrisa, son como ángeles. Lidiando con el cáncer En este año he descubierto nuevas emociones y sentimientos, he aprendido poco a poco a no tener miedo y a confiar en que todo va a salir bien, en que pronto volverá mi vida anterior, pero eso sí, con otra filosofía… y a partir de ahora empieza una nueva vida llena de vivencias y recuerdos que jamás podré olvidar. Aprender a dejarnos cuidar Unas de las cosas importante para afrontar la enfermedad, es poder hablar del cáncer sin miedo, sin tabú. Conocerlo y saber de él, porque así seremos más fuertes. Para ello debemos tener una actitud positiva, quererte y dejar que los demás te ayuden. Dar y ayudar es fácil, pero pedir ayuda a veces es lo más difícil o sobre todo reconocer que la necesitamos. Cuando estamos enfermos a veces nos volvemos un poco egoístas en ese sentido. No nos damos cuenta que nos tienden la mano, y que la podemos coger. Pero debemos de aprender a dejarnos cuidar y mimar. También debemos de acordarnos de la gente que tenemos a nuestro alrededor, nuestros familiares y amigos, porque también sufren, tanto como nosotros. Debemos mostrarnos con una sonrisa, así nos ayudaremos mutuamente, todo será más fácil. A por una nueva vida... Cuando el tratamiento del cáncer ya ha terminado, esperamos que la vida vuelva a ser igual que era antes, pero no es así, algo ha cambiado, de entrada llevamos tatuado para siempre la palabra CÁNCER. Ser una superviviente de un cáncer a veces conlleva a tener el temor de que  vuelva a regresar, pero debemos curarnos poco a poco esas cicatrices emocionales que nos ha provocado la enfermedad. Unas de las preguntas que me hacía a menudo era: ¿Y después qué? pues, hay que vivir el día a día, cada minuto, olvidando el pasado y no pensar en el futuro, vivir el momento disfrutándolo al máximo. Cada día es un día de felicidad, existimos, por lo tanto vivimos… Desechemos las cosas que nos dañan y quedémonos con las que nos hacen felices. Así es como he decidido vivir, esta es, mi esencia de vivir. Proyectos solidarios Unas de las ilusiones de esta nueva vida, ha sido lanzar una campaña de bolígrafos solidarios de la Esencia de Vivir, y destinar todos los beneficios a la Fundación Oncolliga Girona. Crear este proyecto, poniendo mi granito de arena, con cariño e ilusión ha sido muy gratificante.  Durante este trayecto solidario, he conocido a personas que están pasando por esta enfermedad, y hemos compartido emociones y vivencias sufridas con el cáncer. También he podido hablar con familiares y amigos que tienen algún ser querido relacionado con la enfermedad. Te explican sus temores, porque no saben cómo pueden ayudarles, ya que para ellos es un mundo desconocido. Y es cuando te das cuenta de lo mucho que también sufren las personas que tenemos alrededor. Seguimos caminando... Ahora continuo hacia delante, me quedan cuatro meses de tratamiento subcutáneo de Herceptin, y 5 años por delante de Tamoxífeno (pastillas hormonales), un cóctel que me provoca dolores musculares y un poco de cansancio, pero sé que estoy en la recta final, seguiré caminando…Tengo suerte.